Buscar
Dioses egipcios: los extraterrestres que se disfrazaron de deidades

Dioses egipcios: los extraterrestres que se disfrazaron de deidades

¿Y si los dioses egipcios como Horus, Ra, Isis y Osiris nunca fueron dioses, sino extraterrestres interdimensionales disfrazados de deidades? Hoy la Nueva Era está saturada de estas figuras: aparecen en meditaciones guiadas, en cursos de “activación de ADN”, en canalizaciones y hasta como avatares inofensivos en redes sociales. Pero detrás de esa estética dorada y “espiritual” se esconde un patrón mucho más antiguo y perturbador. En este artículo verás por qué numerosos testigos y estudiosos del ocultismo describen a estas deidades egipcias como entidades interdimensionales —los mismos ángeles caídos de siempre— que buscan energía, adoración y control sobre la mente humana.

¿Por qué los dioses egipcios están tan de moda en la Nueva Era?

Desde las imágenes de Isis con sus alas extendidas hasta las representaciones de Ra, Horus y Osiris, la humanidad se ha visto bombardeada por un catálogo de símbolos egipcios que la gente guarda inocentemente en sus dispositivos, usa como avatares y utiliza como punto focal para meditar.

No todo es tan inocente como parece. Ese interés repentino y masivo por “lo egipcio” no es casualidad: es un síntoma de control interdimensional. Estas seres espirituales transfieren su esencia a la psique humana a través de la imagen, el símbolo y la canalización. Los ángeles caídos, “los antiguos”, siguen usando las mismas técnicas, aprovechando que muchas personas no logran ver que la Nueva Era es, en gran parte, viejo ocultismo re empaquetado que abre la puerta a su control.

Conviene recordar algo que la industria espiritual moderna omite: en la práctica egipcia original, estos “dioses” no eran figuras de amor incondicional. Eran potencias que exigían ofrendas, sacrificios, templos y una casta sacerdotal dedicada a alimentarlas. El envoltorio ha cambiado —hoy se habla de “seres de luz”, “maestros ascendidos” y “hermanos galácticos”— pero la dinámica es la misma.

Extraterrestres, ángeles caídos o demonios: ¿qué son realmente Horus y Ra?

A estos seres se les sigue llamando “extraterrestres”, pero en realidad son mucho más que eso. Aunque se afirma que provienen de Orión y las Pléyades y que llegaron para “acelerar la evolución de la Tierra” y modificar a la raza humana, encajan mucho mejor con la descripción de espíritus engañadores que funcionan como una dura prueba para la humanidad.

El origen “de Orión y las Pléyades” y por qué no es lo que parece

La narrativa Nueva Era presenta a estos seres como una civilización avanzada y benévola. Pero el patrón de comportamiento —dependencia energética, exigencia de adoración, engaño, jerarquía rígida y explotación del ego humano— no corresponde al de “hermanos mayores cósmicos bien intencionados”. La procedencia “estelar” funciona como una tapadera moderna, más atractiva para una mente científica y secular, que la palabra “demonio”.

Esta es una advertencia directa para los lectores de la Ley del Uno (el material de Ra), de Seth Habla canalizado por Jane Roberts, y de cualquier material que apele a entidades canalizadas —ya sea vía médiums, ouija o “transmisión telepática”. Conoce primero con quién te estás conectando. Según esta perspectiva, entidades como Ra, Seth y Osiris no son fuentes neutrales de sabiduría, sino parte de una misma jerarquía de engaño.

El problema de fondo con toda canalización es sencillo: no hay forma de verificar la identidad de quien habla al otro lado. Un ser que se presenta como “Ra, humilde mensajero del Uno Infinito” tiene todos los incentivos para sonar sabia, amorosa y elevada, precisamente porque el objetivo es ganarse la confianza del canalizador y de sus seguidores.

Horus-Ra como parásito interdimensional arcóntico: el testimonio de Maarit

Lo que sigue es la traducción de un artículo basado en una serie de entrevistas a una mujer que dice haber sido abducida y programada bajo un esquema tipo MK-Ultra. Aclaramos que la entrevista no parte de una perspectiva cristiana, por lo que sigue describiendo a estas entidades como “extraterrestres”; aun así, el testimonio es lo bastante revelador como para compartirlo a modo de advertencia.

Maarit, una escandinava con antecedentes militares, fue entrevistada en abril de 2011. Sus relatos coinciden de forma llamativa con la figura de Horus-Ra de la antigua religión egipcia. Este ser fue nombrado “Horus-Ra” por su parecido con el antiguo halcón egipcio y por su capacidad de adoptar también forma de serpiente. Sus experiencias combinan abducciones, rituales, manipulación genética, control mental y lo que ella describe como una guerra librada en el plano espiritual.

La forma de halcón y la forma de serpiente

Maarit y su hijo describieron a la misma entidad bajo dos aspectos: un hombre-pájaro de gran altura (similar a Horus) y una enorme serpiente de color grisáceo o blanco. Según su testimonio, la forma exterior transdimensional sería la de Horus (el cuerpo de la “raza caída de Orión”), mientras que la entidad oscura que habita dentro sería Ra: un punto negro, una sombra, una presencia sin forma fija.

Este doble símbolo —halcón y serpiente— no es exclusivo de su relato. La imagen del león-serpiente aparece una y otra vez en los jeroglíficos del templo de Horus en Edfu, y en el culto de Hathor representaba la “simiente real” de los faraones.

Optogenética, ADN mitocondrial y “modificación energética”

En la entrevista, Maarit describe lo que significa ser “modificado energéticamente” por estas entidades. La alteración, dice, afecta el sistema nervioso central del abducido para acomodar y “expresar” una conciencia ajena que opera en otras frecuencias vibratorias. Ella lo describe como una especie de co-factor epigenético: no necesariamente un cambio en la secuencia del ADN, sino una modulación de frecuencia energético-vibracional que reconfigura cómo se expresa la información biológica.

En el centro de este proceso está lo que Maarit llama la “desconexión del alma”: una forma de disociación, facilitada por el trauma, la programación y los rituales, que permite a estas entidades desviar y consumir la energía vital del abducido —como quien empalma mangueras y tuberías para robar el flujo de una tubería principal. Un punto especialmente inquietante: Maarit observa que muchas mujeres que pasan por este proceso desarrollan trastornos autoinmunes —lupus, esclerosis múltiple, eccema, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica. La pregunta que plantea es directa: ¿podrían estos problemas de salud ser consecuencia de la manipulación energética, o de un vampirismo excesivo de energía? No es una afirmación médica comprobable, pero sí un patrón que ella y otros testigos reportan de manera recurrente.

Representación elaborada por Maarit de cómo la mente queda intervenida por estos seres espirituales

Rituales, realidad virtual y hackeo de sueños

Maarit recuerda que en varios de sus secuestros se emplearon rituales. Una de esas experiencias ocurrió tras un encuentro cara a cara dentro de una “experiencia de realidad virtual”, en la que la mente del abducido es invadida para alterar los estados de ondas cerebrales.

A esto se suma el “hackeo de sueños”: durante el sueño, la mente del abducido es interrumpida. El objetivo es mantener a la persona en un estado de indefensión aprendida y sumisión. En uno de esos episodios, Maarit y su hijo compartieron el mismo sueño la misma noche, algo que ella considera prueba de que no se trataba de un sueño ordinario.

Solo una persona con buena memoria onírica y capacidad ocasional de sueño lúcido puede detectar este tipo de manipulación. Para la mayoría, los sueños simplemente no se recuerdan con claridad, y ahí radica su eficacia.

Representación del ser que Maarit describió como RA

El encuentro directo con Ra

Maarit describe así uno de sus encuentros:

Horus-Ra se adelantó para dejar clara su presencia. Vi esta conciencia cuando cerré los ojos, como un holograma de una vieja serpiente grisácea con rostro. El mensaje era claro: tenía que lidiar con él.

A diferencia de otras entidades, que generan repulsión instintiva, la energía de Ra resulta atractiva y tentadora —y por eso más peligrosa. “Hay que resistir mentalmente para conservar la totalidad del propio ser. Ra bloquea el estado libre de la mente”, explica.

En otro encuentro, describió despertar en una cámara con jeroglíficos, ser encerrada en un ataúd de piedra y ver a Ra como una gran serpiente blanca que, sin embargo, no lograba alcanzarla:

Y estaba triste porque elegí a Dios en lugar de elegirlo a él.

Este es el punto central de todo el relato: la batalla se libra dentro de la psique y el espíritu humano, y no puede ganarse hasta que la persona toma restablece una conexión directa con el Creador. Lo trágico —señala el artículo— es que muchas personas programadas por la Nueva Era creerán que la solución es meditar más, hacerse terapias de reiki o quitarse implantes… sin advertir que esas mismas técnicas pueden ser la puerta de entrada.

Maarit sostiene que muchas de estas experiencias buscan ampliar habilidades psíquicas para reclutar a los “abducidos” como agentes útiles. También habla sobre la creación de personalidades disociadas (“alters”) más fáciles de moldear. Según su testimonio, la persona debe “aceptar conscientemente” colaborar, porque el consentimiento amplifica el poder del ritual.

En sus propias palabras, el propósito de Ra no es solo consumir a los seres humanos, sino destruir su pureza:

Quiere que la gente olvide la realidad última y la conexión con Dios. Por eso estos movimientos de la Nueva Era son tan peligrosos: son un portal directo para que estas fuerzas oscuras se manifiesten. Hacen que la gente compita por ser “el más espiritual”, el de más poderes psíquicos, y montan toda la estafa alrededor del ego humano, que se convierte en la fuente del propio mal.

Simbolismo que los delata: flor de lis, ojo de Horus y la serpiente-león

Tras sus experiencias, Maarit dibujó un símbolo sagrado con forma de flor de lis invertida, además de un símbolo de infinito usado en la frente. Le llamó la atención el parecido con la flor de lis de la realeza francesa —el mismo emblema asociado a las iniciaciones de las sacerdotisas de Isis (encubiertas más tarde bajo el culto a María Magdalena).

El patrón simbólico —ojo de Horus, serpiente, león-serpiente, flor de lis, ojo en la frente/tercer ojo— se repite a través de culturas y épocas. Para esta perspectiva, no se trata de coincidencias estéticas, sino de firmas de una misma inteligencia que se manifiesta detrás de distintos ropajes religiosos.

El curioso paralelo con Stargate SG-1 y los Goa’uld

El modo de parasitismo descrito recuerda a la serie de ciencia ficción Stargate SG-1. Allí, los Goa’uld son una raza malévola que se hace pasar por dioses egipcios de cabeza de halcón y de chacal; cuando alguien es “iniciado”, recibe una serpiente simbionte insertada en la columna, y desde entonces pasa a formar parte de las “huestes” de esos falsos dioses. La coincidencia es tan precisa que cabe preguntarse: ¿saben algunos guionistas de ciencia ficción más de lo que aparentan sobre lo que se mueve en los círculos ocultistas y su fascinación por los antiguos dioses egipcios?

Conclusión: por qué esto importa más que nunca

Quizá nunca conozcamos con exactitud la agenda última de los “extraterrestres”. Pero un dato es innegable: cada vez más personas reportan la misma interferencia, con los mismos símbolos y los mismos patrones a lo largo de diferentes culturas. Los dioses paganos se parecen mucho en sus filosofías y prácticas, ya sea en Egipto como en la cultura Mexica como en la India. Esto debería de, por lo menos, llamarnos la atención y ponernos alertas.

Únete a la discusión