Aprendiendo de la Biblia

Dios odia el divorcio… pero odia más el abuso

Dios odia el divorcio, pero odia más el abuso. Este es un estudio bíblico para aclarar las causas permisibles de divorcio y su interpretación correcta.

Me tomé mi tiempo para redactar este artículo ya que es un tema que me impactaba a nivel personal de gran manera. Primero quisimos abordar lo que la Biblia dice sobre la esclavitud, porque con esa base de referencia, podríamos abordar el tema del divorcio, por lo cual te recomendamos también leer el artículo sobre la esclavitud.

Quienes hayan escuchado mis testimonios saben que viví la dolorosa experiencia del divorcio, y que es algo que puede constituirse como una de las heridas más profundas en mi vida. Las pérdidas del divorcio fueron más allá de lo material, sino que tuvieron un impacto emocional y familiar, incluso espiritual, y siempre es doloroso recordar los votos matrimoniales que hiciste en esos tiempos cuando pensabas que nada podría romper el vínculo matrimonial.

Con el paso del tiempo, he encontrado personas de todo tipo que me han dicho cualquier cantidad de cosas. Desde aquellos que me juzgan por ser una mujer divorciada y cuestionan mi fe en Cristo (aún sin saber porqué me divorcié) hasta las mujeres permisivas que justifican cualquier divorcio diciendo que “todos los hombres son iguales” y que es “ensayo y error” por lo cual hay que estar con muchos hombres.  Conservar una perspectiva lo suficientemente centrada ha sido complicado, y es difícil no caer en la autoculpa y en la amargura.

Lo que menos quería era buscar una postura que me favoreciera automáticamente, que me justificara. Después de todo, si ya había puesto a los pies de la cruz muchos otros pecados, sabía que podía poner a sus pies mi divorcio y asumir, tal como asumí con todos los demás errores, que tuve la culpa y que necesito ser perdonada.

Me dediqué a ver muchos, muchísimos videos de expertos bíblicos que hablaban del tema, buscando una respuesta a mis inquietudes a nivel cristiano y a nivel bíblico. Encontré muchos videos donde usaban la frase “Dios odia el divorcio” para decir que una persona nunca puede divorciarse, por ninguna causa. Otros videos indican que la mujer que se divorcia debe quedarse sola, porque el lazo con el marido nunca se disolverá y sería adulterio volverse a casar. Por el otro lado, vi muchos videos cristianos con personas que se han divorciado y vuelto a casar, incluso no una sino muchas veces, los cuales me sonaban más a una justificación para el libertinaje y la creencia de que si por cualquier cosa el matrimonio no funciona, no hay problema en volverse a casar una y otra y otra vez.

Supe que tenía que redactar este estudio de una vez, cuando una hermana y seguidora de la comunidad me mandó un correo electrónico, platicando su caso. Ella está separada de su pareja por abuso, pero siempre ha insistido en tenerle paciencia a su pareja y esperar que cambie su comportamiento, por lo que durante años lo perdonaba y perdonaba hasta que tuvieron una hija, y ella ya no podía permitir que su hija viera el trato que él le daba. Hace poco, esta chica, aún esperando que su ex cambiara,  le mandó varios videos del pastor Paul Washer y entre ellos, estaban algunos donde Washer habla del rol de la esposa y su sumisión al marido. La respuesta del exmarido a esta chica fue la siguiente: “hola, me gustaron los videos que me mandaste. En especial algunos. Entonces ¿estás dispuesta a someterte a mí como tu marido?”. En ninguna parte de la respuesta del exmarido estaba su arrepentimiento, convicción de pecado… él solo vio la parte donde se mencionaba la sumisión de la esposa al marido.

Mi experiencia personal sobre el divorcio

Vamos a empezar compartiendo mi caso en particular y lo que yo pienso y creo, para luego pasar a un estudio más detallado de aquellas personas (más mujeres, pero también hay varones) que se han divorciado por maltrato o abuso de cualquier tipo (físico, mental, económico, etc).

Muchas de nosotras nos casamos sin la intención de separarnos. En mi caso, yo me casé bajo la autoridad de la iglesia católica, mucho antes de plenamente llegar a Cristo mediante el arrepentimiento y conversión sincera. Como he dicho, siempre creí en Cristo, y siempre le amé, aún bajo los distorsionados lentes del catolicismo que me metieron a la idolatría hacia María y me desenfocaron de mi atención plena a Cristo.  

Mi relación no podría haber sido catalogada como bien auspiciada desde antes de llegar al matrimonio, pero la forma como fui criada me impedía verlo. Ahora sé que es de vital importancia que tu pareja sea creyente, tan creyente como tú y no solo de tradiciones y misas, y la importancia de que esté totalmente sometido bajo Cristo y sea un creyente realmente nacido de nuevo y que ame al Señor primero que nada o nadie. Entrar en una relación con un hombre que no se somete a Cristo no puede augurar buenos frutos, porque aquél que no se somete a Cristo, termina sometiéndose a sus propios deseos egoístas, a su propio ego o incluso al sistema materialista que el enemigo ha creado y en el cual la humanidad vive.  No se puede pedir a un hombre que ame a su mujer como Cristo amó a la iglesia, si ese hombre no tiene a Cristo como su líder y modelo.

Hubo muchos otros aspectos psicológicos y familiares que influyeron, los cuales considero que influyen en todas las personas a la hora de escoger una pareja. Una familia donde el abuso se veía normal, la infidelidad como lo común entre los varones, obviamente iba a minimizar cualquier situación que se repita con los hijos e hijas. Otro elemento de “abnegación” marcaba la tendencia a pensar que la mujer virtuosa se dejaba maltratar y usar solamente por proteger a su hogar y a sus hijos, y que “el amor todo lo perdona” y que ese es el concepto cristiano que se debe implementar siempre y en todos los casos.

Tal vez hasta la fecha yo sea el tipo de persona que primero piensa bien de los demás, y solo han sido los años ( y bastantes desengaños ) los que han hecho que desarrolle más discernimiento. Sin tener ninguna noción de problemas de la personalidad como el narcisismo, la personalidad límite, la personalidad colérica, etc. y agregada la presión social de casarse, lo del reloj biológico si querías tener hijos, etc. puede ser un caldo de cultivo que derive en tomar decisiones a la ligera. Y es que el riesgo de poner cualquier cosa antes que el Señor nos hace tomar malas decisiones, mientras que, si nuestro centro es Cristo, el mundo alrededor puede caerse, y seguiremos firmes.

Pese a las atenuantes de saber que mi divorcio sucedió cuando aún no llegaba plenamente a Cristo, y las razones sustentadas de una relación donde ya no había el respeto básico (no por frivolidad ni por querer irme con otros hombres) siempre me quedó esa interrogante sobre lo que Dios pensaba de mi condición como divorciada y si Dios quisiera que me hubiera quedado casada. Entiendo perfectamente porqué el Señor dice que el divorcio es algo aborrecible, y es que muchas familias quedan destrozadas luego del divorcio, los niños se llevan la peor parte, las mujeres muchas veces tienen que enfrentarse a muchos problemas para la manutención de sus hijos, o bien hay mujeres que lo que quieren es sacarle hasta el último centavo al ex… de estas mujeres vi cuando asistí al abogado, y escucharlas ir tras el dinero del ex parecía una imagen de National Geographic donde las hienas se pelean hasta el último hueso del cadáver.  Mientras que incluso las leyes antiguas proporcionaban provisión para la mujer que se divorciaba, la modernidad y el feminismo han ido cambiando tales tendencias, y ahora somos muchas las que nos mantenemos por nosotras mismas, y que incluso hemos renunciado a algo justo, muy a diferencia de otras “hienas” que van tras la casa, el coche, etc.

El divorcio es invento de humanos, por la dureza de nuestros corazones

Ningún divorcio es bonito, o algo que deba celebrarse. Sin embargo, conociendo el corazón del Señor para ofrecer defensa al oprimido y su desagrado por el abuso, y sabiendo que el mismo Señor en sus enseñanzas advierte sobre el yugo desigual y pide alejarnos de aquellos que no son creyentes (que no tienen a Cristo en sus vidas) me parecía que tenía que existir una mayor aclaración que solamente decir “Dios odia el divorcio” (todos lo odiamos, y también odiamos las razones que llevan al divorcio).

El divorcio no era la idea original de nuestro Creador. El nos creó varón y mujer, para unirnos y formar una familia, que como muchas organizaciones incluso no espirituales refieren, la familia es la semilla de la sociedad. La idea es que el varón amara a su mujer como Cristo amó a la iglesia, y como tal, ninguna mujer que es realmente amada de ese modo tendría razón para inconformarse de someterse a su esposo (al menos no aquella que también tiene a Cristo en su vida). La palabra sometimiento es una forma de respeto, y no implica “dejarse hacer lo que quiera”. El respeto por la jerarquía que Dios ordenó no debería ser un problema… si las cosas se hubieran quedado así, si este mundo no estuviera caído.

No estaba pensado que el humano pudiera desviarse tanto para llegar a un punto en el cual fuese narcisista, psicópata, ladrón, violento, agresivo… no estaba pensado que la mujer viese un embarazo como un error, una carga que debe ser abortada. Muchas cosas no estaban pensadas en el diseño original, y debemos tomar nuestra responsabilidad por el mal que todos hemos hecho, dejar de culpar a Adán y Eva, y empezar a vernos a nosotros mismos y en qué momento hemos justificado este tipo de pecados y desviaciones sociales.

Tal como en la parábola del trigo y la cizaña, los hijos de Dios viven inmersos entre los hijos de Satanás o hijos del hombre. El humano sigue pensando que somos esencialmente buenos… lo cual podemos descartar si te pones a ver los documentales que tienen en HBO sobre crímenes reales. Solo aquellos que logran llegar a Cristo son considerados el trigo, los demás seguirán siendo cizaña, y si revisas la parábola, el dueño del campo pide no arrasar con todo el campo (el planeta) sino dejar que el trigo crezca junto a la cizaña y hasta el momento de la ciega, separarlas, unas al granero (la vida eterna) otras al fuego (destrucción eterna).  Por tanto, es de entender que pueda darse el caso de un trigo formando una vida en común con una cizaña, incluso que, dentro de una familia de cizaña, aparezca un trigo. Expresado a nivel de nuestra sociedad, hay muchos creyentes unidos con no creyentes ya sea de manera laboral, familiar, matrimonial, etc.  aún siendo tan profundamente diferentes por dentro, pese a que nos vemos igual por fuera.  Y desde allí viene la advertencia del yugo desigual y lo que esto puede traer a la vida de un creyente.

El abuso familiar en la sociedad actual

La negativa de muchos pastores a reconocer el abuso como una violación legítima del pacto matrimonial convence a muchas esposas maltratadas de quedarse en un hogar abusivo. El abuso doméstico es cíclico. Incluso cuando los pastores, los consejeros y los defensores de las víctimas intervienen intencionalmente, las mujeres maltratadas a menudo encuentran el miedo al aislamiento, la lucha financiera, la paternidad soltera, la retribución violenta y una serie de otros factores como algo contra lo cual no pueden luchar. Entonces regresan a casa con su abusador.

Las mujeres y los niños están siendo oprimidos por esposos y padres en todo el mundo. No queremos decir que no existan hombres que tengan una esposa abusiva, o madres que abusen a sus niños, pero estadísticamente los grupos más vulnerables son las mujeres y los niños sometidos a un marido o padre abusivo. Según una encuesta de 2011 de los centros para el control y la prevención de enfermedades en los Estados Unidos, más de 12,000 mujeres (el 22 por ciento de las mujeres en los Estados Unidos) ha experimentado violencia física severa a manos de una pareja íntima. Esa es una de cada cuatro mujeres que experimentan una opresión física “severa”. El catorce por ciento de los hombres también sufren abusos durante sus vidas.

Muchos pastores, que afortunadamente para ellos no han pasado por una experiencia de este tipo y no saben cómo entenderla, tienden a dar una respuesta simplificada: La Biblia deja en claro la forma en que Dios ve el divorcio:

Malaquías 2: 16a – “‘Porque odio el divorcio’, dice el Señor, el Dios de Israel”

Sin embargo, la Biblia también deja en claro la forma en que Dios ve el abuso y la opresión.

Malaquías 2: 16b – “… y [odio] al que cubre su prenda con maldad, dice el Señor de los ejércitos. Así que presta atención a tu espíritu, para que no trates con traición”.

Prestemos atención juntos, para que no defendamos a quienes se les hace fácil maltratar o usar a sus parejas:

  • Dios aplastará a todos los opresores.

El acto definitorio del Antiguo Testamento es el Éxodo: una liberación de la opresión. Las terribles plagas que sucedieron a Egipto fueron una respuesta directa a la despiadada esclavitud que Faraón infligió al pueblo de Israel (Ex. 1:13). Incluso vemos el duro ciclo de abuso cuando Faraón siente remordimiento y promete reformas, solo para ponerse más cruel. Finalmente, Dios aplastó a Faraón y su ejército entre los muros de su juicio. Si los abusadores quieren saber cómo se siente Dios acerca de ellos, solo necesitan mirar el destino de Faraón.  Dios no pidió a los israelitas que amaran a sus opresores, y las plagas fueron ciertamente implacables contra el pueblo de Egipto.  

Es más, Dios no hace acepción de personas (Hechos 10:34). Él está igual de ofendido por el abuso dentro del pueblo de Dios. Lee a los profetas Isaías y Jeremías. Dios explícitamente le dice a su pueblo la razón de su juicio: opresión y violencia (véase Isaías 10: 1–4; 30: 12–14; Jer. 6: 6-8; 9: 6–11). El Señor liberó a su pueblo de la esclavitud y les dio una tierra para llenarla con el hermoso fruto del amor fraternal. En cambio, convirtieron la tierra prometida en el nuevo Egipto. Esta vez, el pueblo de Dios fueron los opresores:

“Eres tú quien ha devorado la viña, el botín de los pobres está en tus casas. ¿A qué te refieres con aplastar a mi pueblo, al moler la cara de los pobres?” Declara el Señor Dios de los ejércitos. (Isaías 3: 14b – 15)

“Tienes ojos y corazón solo para tu ganancia deshonesta, para derramar sangre inocente y para practicar la opresión y la violencia” (Jer. 22:17). Le dice al rey que Dios usará su cadáver muerto para demostrar al mundo entero cómo se siente sobre el abuso que tiene lugar en su colina sagrada: “Con el entierro de un burro será enterrado, arrastrado y arrojado más allá de las puertas de Jerusalén “(22:19).

Si Dios está decidido a salvar a un marido, él es más que capaz de lograrlo sin la degradación de su amada hija. Cuando Pablo dice que, si la mujer está casada a un no creyente, quedarse con él puede santificar el matrimonio y lograr convertirlo a él, no se refiere a los casos de abuso. Si la pareja es sincera en su amor, y en su trato justo a su esposa, no deben divorciarse solo porque él no sea cristiano, sino que se puede buscar guiar a la pareja a Cristo. También recordemos las advertencias sobre el yugo desigual… en resumen, si ya estás casado/a con un no creyente, y esta persona no cae en abuso o maltrato y solamente la diferencia está en que no es creyente, se anima a la persona creyente a quedarse y ayudarlo a llegar a Cristo. Y si el no creyente incumple su pacto matrimonial o simplemente decide irse, el o la creyente pueden dejarlo irse.

Cuando los pastores aconsejan una rápida reconciliación en los matrimonios devastados por el abuso, el Señor dice: “Curaron la herida de mi pueblo a la ligera, diciendo: “paz, paz, cuando no hay paz” (Jer. 6:14). El mensaje principal que un abusador debería experimentar del ministro de Cristo es que la ira eterna del Señor brilla ardientemente contra aquellos que acumulan violencia y opresión. Su abuso no ha escapado al ojo vigilante de Aquel que declara: “La venganza es mía, yo pagaré” (Rom. 12:19).

Lo más desagradable que un pastor podría hacer en una situación de abuso es amortiguar la severidad de la retribución de Dios al ofrecer gracia barata. Quizás Dios traerá al arrepentimiento al abusador… pero eso nunca sucederá hasta que él esté condenado en su pecado ante la ira ardiente del Creador eterno, se dé cuenta de su pecado y se arrepienta. Entonces, y solo entonces, está listo para recibir el perdón de la Cruz.

El mensaje principal que una mujer maltratada debe escuchar de un ministro de Cristo es que el Señor es el protector de los débiles. Él es nuestro Boaz, el redentor gentil, amable y fuerte que extiende su ala de protección sobre nosotros (Rut 2:12). Como Noemí le habló a Rut, la voz de la iglesia debería llamar inequívocamente a una mujer vulnerable a la seguridad de Jesucristo. Hacemos que esa seguridad sea tangible al rodear a una víctima con defensores, consejeros y recursos para ayudarla a tomar las decisiones difíciles que le esperan.

  • Jesús enseñó contra la opresión del divorcio.

El corazón de Dios para los oprimidos y maltratados es lo que se derrama en las palabras iniciales del sermón de la monataña de Jesús: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5: 3).

En este sermón, Jesús ataca la fortaleza de la justicia propia. Él usa la ley para destruir a aquellos que buscan ser justificados por la ley. Él vino a cumplir la ley llevándola a nuestros corazones:

También se dijo: “Quien se divorcie de su esposa, que le dé un certificado de divorcio”. Pero les digo que todos los que se divorcian de su esposa, excepto por motivos de inmoralidad sexual, la obligan a cometer adulterio, y quien se casa con una mujer divorciada comete adulterio” (Mateo 5: 31-32).

Al que quisiera justificar su divorcio diciendo: “bueno, la Ley de Moisés dice que puedo divorciarme”, Jesús responde: “Cierto. Pero si lo haces, tu adulterio y el adulterio de la persona con la que te casas se acreditarán en tu cuenta ante Dios”. Eso es lo que quiere decir cuando dice: “[Él] la hace cometer adulterio”. La enseñanza de Jesús no pretende atrapar a las mujeres en matrimonios abusivos. Está destinada a reprender a los hombres abusivos en el intercambio despiadado de sus esposas por cualquier razón.

Juan Calvino habló con franqueza sobre este tema:

Ese hombre … que rechaza a su esposa y le da una carta de divorcio, se refugia bajo el pretexto de la ley: pero el vínculo del matrimonio es demasiado sagrado para disolverse a voluntad, o más bien por el placer licencioso de los hombres. … El hombre que, injusta e ilegalmente, abandona a la esposa que Dios le había dado, es justamente condenado por haber prostituido a su esposa.

Más adelante, en Mateo 19, Jesús responde a una pregunta atroz: “¿Es lícito divorciarse de la esposa por cualquier causa?” Al conocer los corazones duros en su audiencia, Jesús los confronta en su pecado: “Lo que, por lo tanto, Dios ha unido, ningún hombre puede separar… Y yo te digo: quien se divorcia de su esposa, excepto por inmoralidad sexual, y se casa con otro, comete adulterio” (19: 6, 9). Una vez más, Jesús atrae a hombres imprudentes bajo la condena de la ley, esta vez por sus propios corazones adúlteros.

El punto es que todas las enseñanzas de Jesús sobre el divorcio están dirigidas a personas que buscan justificarse a sí mismas cuando no hay motivos para el divorcio. En Marcos 10, Jesús deja en claro que toda la humanidad, tanto hombres como mujeres, son responsables de mantener sus votos matrimoniales: “Quien se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio contra ella, y si se divorcia de su esposo y se casa con otra, ella comete adulterio” (Marcos 10: 11–12).

  • Pablo aclaró sobre los matrimonios cristianos.

En 1 Corintios 7, Pablo cita directamente las enseñanzas de Jesús: “A los casados ​​les doy este cargo (no yo, sino el Señor): la esposa no debe separarse de su esposo… el esposo no debe divorciarse de su esposa ”(1 Cor. 7:10, 11). Del mismo modo, ordena a los creyentes que construyan matrimonios felices incluso con sus cónyuges incrédulos. Sin embargo, Pablo escribe: “si la pareja incrédula se separa, que así sea. En tales casos, el hermano o la hermana no están esclavizados. Dios nos ha llamado a la paz.” (1 Cor. 7:15). Esta es la misma concesión que hizo Jesús. Si bien los cristianos nunca deben romper el pacto matrimonial, pueden reconocer cuando su cónyuge lo ha roto.

En última instancia, los cristianos tienen que preocuparse más por salvar las almas de las personas, incluso más de lo que se preocupan por salvar sus matrimonios.

Es beneficioso para un no creyente si puede preservar un matrimonio con su cónyuge creyente. Pablo explica: “¿Cómo sabes, esposa, si salvarás a tu esposo? ¿O cómo sabes, esposo, si salvarás a tu esposa?” (V. 16). Sin embargo, es una interpretación desastrosa usar este pasaje para culpar a las esposas de sufrir ” abusos no perjudiciales menores “, o abuso financiero, abuso verbal o cualquier otro tipo de abuso, como si el destino eterno de su esposo dependiera de que se quede con él su esposa.

La importancia del consejo sabio

En este momento, es importante aclarar lo que queremos decir con la palabra consejo. La consejería no significa decirle a una persona qué hacer. La consejería adecuada está en proporcionar a una persona todas las opciones disponibles que honran a Dios y ayudarle a esa persona a tomar la decisión más sabia.

Cuando un pastor insiste en que el divorcio no es una opción para los cristianos, limita las opciones de una mujer vulnerable de una manera que ni Jesús ni Pablo lo hicieron. Simplemente el deseo de que cada matrimonio roto resulte en una reconciliación no da el derecho que alguien más tome la decisión por ella. Es una muestra valiente y humilde de amor evangélico cuando una mujer elige luchar por su matrimonio a pesar de la inmoralidad sexual, el abuso o el abandono de su esposo. Sin embargo, esa es una elección que solo ella debe hacer. Y cuando hay motivos bíblicos para el divorcio, es una mala práctica pastoral hacer que una mujer se sienta culpable por elegir abandonar un pacto matrimonial roto. Pablo lo dejó muy claro: no está esclavizada.

Abuso y maltrato en el matrimonio

¿Es el abuso un fundamento bíblico para el divorcio? Quizás deberíamos preguntarle al Señor. Después de todo, Dios ya se ha divorciado: “Por todos los adulterios de aquel infiel, Israel, la había enviado con un decreto de divorcio” (Jer. 3: 8). ¿Y cómo eran estos adulterios? “También en sus faldas se encuentra el alma de los pobres sin culpa” (Jer. 2:34). Esta vívida imagen simboliza la forma en que los fuertes pisotearon a los débiles a través de la opresión, la esclavitud financiera, el soborno, la violencia y la grave injusticia. Si el Señor se divorció de su pueblo elegido por su abuso de los vulnerables, seguramente es motivo suficiente para aquellos que han confiado en un Dios y Salvador que se preocupa por los pobres en espíritu.

¿Pero qué constituye abuso? Lo diríamos de esta manera: el abuso es cuando un matrimonio cruza la línea de la relación amorosa hacia la esclavitud. El matrimonio tiene la intención de reflejar a Cristo y la iglesia (Ef. 5:32). Sin embargo, cuando la imagen comienza a parecerse a Faraón y a los israelitas, hay un problema grave. Una mujer golpeada, agredida verbalmente, aislada de amigos y/o aislada financieramente ya no es una esposa, sino una esclava. El abuso puede ser difícil de discernir, por eso los pastores deben involucrar a otros consejeros, autoridades y defensores de las víctimas.

El divorcio es una realidad dolorosa en cualquier circunstancia. Como cristianos, creemos en el poder del perdón, creemos en la reconciliación que se encuentra en Cristo Jesús, y todos hemos sido testigos del poder del evangelio para restablecer matrimonios. Pero también creemos que hay personas que declinan seguir a Cristo y se niegan a entregar sus vidas a su creador.

¿Entonces Dios odia el divorcio?

La respuesta breve y muy incompleta es: “Sí”. Eso es, en realidad, lo que el Señor dice en Malaquías 2:16. Sin embargo, si queremos profundizar en la cuestión, hay algunos puntos importantes que deben hacerse con respecto a esta declaración. Notablemente, no significa automáticamente que el divorcio es pecado. Como Jesús enseñó, el divorcio es una provisión permitida que se dio en las Escrituras y fue necesaria por la dureza del corazón humano. (Mateo 19: 8-9)

Algunos sugerirán que el que está solicitando el divorcio es el que tiene un corazón duro, pero esto tampoco es correcto. Al igual que con muchas preguntas difíciles en teología, la mejor manera de responder a esta pregunta es comenzar con la naturaleza de Dios en lo que respecta a la pregunta en cuestión. Sabemos que Dios no puede pecar, y, por lo tanto, no se describiría a sí mismo usando conceptos pecaminosos. Además, como sabemos que Dios es perfecto, podemos concluir que cualquier conflicto en una relación con Él no se debe a una falla en Él.

Armados con estas verdades, podemos considerar lo que dice Jeremías 3, donde Dios se describe a sí mismo solicitando el divorcio de Israel, y de esto podemos concluir que el divorcio, en sí mismo, no debe considerarse un pecado, sino que es un resultado del pecado por parte de quien ha roto el pacto.

Otros aceptan que el divorcio es permisible, pero concluyen que el acto físico de adulterio es la única circunstancia en la que una persona puede divorciarse. La base de esta conclusión es que es la única excepción que Jesús da, pero si solo estuviéramos leyendo el pasaje en Marcos 10, concluiríamos que Jesús no dio ninguna excepción. El relato de Mateo agrega la excepción, y luego vemos que Pablo incluye el abandono como una excepción en 1 Corintios 7. Esto nos obliga a incluir que hay una pregunta más profunda en juego: la fidelidad al pacto matrimonial.

Para ampliar aún más esta idea, el adulterio puede incluir mucho más que simplemente el acto físico. Es una cuestión de corazón y fidelidad al pacto del matrimonio. Nuevamente, Jesús aclara esto cuando dijo: “Quien mira a una mujer con lujuria ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”. Podemos ver la misma realidad cuando analizamos la relación de Dios con Israel. Dios llama repetidamente su falta de fidelidad al pacto “adulterio”, pero sus acciones fueron variadas. Parece probable que Jesús se esté refiriendo a una falta de fidelidad al pacto más que a un acto que es la consumación de una relación ilícita con alguien que no sea su cónyuge.

En este punto, también podemos concluir que cuando Dios dice que odia el divorcio, es probable que no odie su propia decisión de permitir el divorcio. Más bien, Dios odia la dureza del corazón humano, que hizo necesario incluirlo en su ley. Eso nos permite acercarnos a este pasaje y ver qué tipo de comportamiento Dios odia tanto. Él habla directamente a los hombres, cuyo comportamiento se describe como: hiriente (vs. 13), orgulloso (vs. 14), traicionero (el foco principal del pasaje) y violento (vs. 16).

Cuando tratamos honestamente de lo que estos hombres estaban haciendo, podemos ver que el divorcio no era más que la punta del iceberg. Estaban lastimando a su esposa.  El enfoque de Dios en el divorcio sugeriría que estaban utilizando la disposición legal para el divorcio como una justificación religiosa para esquivar su responsabilidad al pacto que habían hecho.

Dios les responde diciéndoles lo que han hecho, que es tan malo: la traición. En lugar de una referencia meramente al acto de divorcio, esta palabra habla de un mal más siniestro. Primero habla de algo que es una acción encubierta. También podemos concluir que su traición es un acto que va en contra de su esposa. Ella es la que está siendo lastimada. Es decir, ella tiene derecho a esperar que el pacto del matrimonio sea sagrado para su esposo, y que resulte en un ejemplo piadoso para sus hijos.

Estos hombres están actuando de manera egoísta e insensible. No quieren el arduo trabajo de amar a su esposa y criar a sus hijos. En cambio, han agotado a su esposa, han obtenido todo lo que quieren de ella, y han usado el permiso de Dios para el divorcio como justificación para desecharla. Cuando consideramos este pasaje, nos vemos obligados a concluir que Dios odia la traición encubierta y la violencia del abuso conyugal que rompe el pacto del matrimonio y resulta en divorcio. Él odia especialmente cuando su palabra se usa para justificar un abuso.

Un caso real sobre abuso matrimonial: testimonio

No podía entender por qué Nick había renunciado a su trabajo bien pagado y había volado a través de varias zonas horarias para ayudarme a publicar un libro bastante académico sobre el divorcio bíblico. Un día, mientras tomaba un café, me habló de una amiga de la escuela que se unió a la misma iglesia que él después de haberse casado. Los moretones ocasionales y las ausencias inesperadas pronto indicaron que su matrimonio estaba yendo muy mal. Nick no se sorprendió cuando ella dejó a su esposo, pero el ministro y los ancianos de la iglesia se sorprendieron. Simpatizaron con ella, pero dijeron que, como cristiana, tenía que confiar en Dios y volver con su esposo. Ella protestó porque no tenían idea de lo mal que estaba su temperamento, pero al final ella volvió con él. Un día, nadie sabe por qué, su esposo la persiguió con una pistola. Cuando ella salió corriendo de la casa, él la mató a tiros.

Los escándalos de abuso existieron en los tiempos del Nuevo Testamento, pero la ley del Antiguo Testamento permitió a las mujeres divorciarse de sus esposos mucho antes de que el abuso fuera demasiado peligroso. Los ejemplos que hemos encontrado en los códigos de la ley judía de los primeros dos siglos incluyen el caso de una mujer a la que su esposo le ordenó que nunca visitara a sus padres, y otra donde la esposa se vio obligada a verter todas las aguas residuales domésticas en un montón de estiércol en lugar de usar el drenaje normal. Los tribunales acordaron que se trataba de casos de abuso, y las mujeres tenían derecho al divorcio. Por supuesto, escucharon muchos miles de otros casos, pero estos dos se registraron como un punto de referencia para que, en casos de abuso igual o peor, otros jueces supieran que las víctimas tenían derecho a un divorcio.

Los líderes judíos aprendieron este enfoque de la Biblia, que establece una ley general al especificar los requisitos mínimos. Éxodo 21 detalla la ley de negligencia matrimonial al enumerar el apoyo mínimo que debe darse a una esposa: comida, ropa y amor ( Éxodo 21: 10-11 ). La ley decía que estos eran los requisitos mínimos incluso para las esposas que habían sido esclavas, por lo que está claro que también se debían a esposas nacidas libremente. Estos tres eran la base de los votos matrimoniales judíos: el esposo tenía que proporcionar comida y ropa, mientras que la esposa tenía que hacer la comida y cuidar la ropa, y ambos tenían que entregarse en amor el uno al otro.

Los abogados a veces parecen arruinar todo, y especialmente el romance. Los abogados rabínicos, poco antes de los tiempos de Jesús, decidieron definir exactamente cuán poco debe considerarse como negligencia: declararon cuánta comida y ropa tenía que proporcionarle el marido, cuántas comidas tenía que preparar su esposa e incluso con qué frecuencia tenían que prepararla. Un hombre que trabajaba en horario normal tenía que cumplir con su “deber” una vez por semana, pero a un vendedor ambulante se le permitía un mes libre y a un marinero se le permitían seis meses libres. ¡Sin embargo, se esperaba que un hombre desempleado tuviera relaciones con su esposa todas las noches!

Si cualquiera de las partes se olvidaba de proporcionar comida, ropa o amor, la otra podría llevarlos a los tribunales y divorciarse. Los casos de adulterio o negligencia física (falta de suministro de alimentos o ropa) fueron directos, y se concedió el divorcio si la pareja perjudicada lo solicitaba. Pero en casos de negligencia emocional (es decir, rechazo del amor físico), los rabinos crearon tiempo para la reconciliación al imponer una larga serie de multas a la pareja reacia. Un esposo fue multado con agregar bienes extra a la dote de su esposa (que ella se llevaría si se divorciaban), y una esposa fue multada al reducir esta dote. Esto continuó hasta que se acababa el dinero o se reconciliaban.

La pregunta importante para los cristianos es cómo Jesús y Pablo interpretaron esta ley de divorcio del Antiguo Testamento por negligencia y abuso. Un problema con el que la iglesia ha lidiado durante siglos es que Jesús parecía prohibir el divorcio “por cualquier causa … excepto la inmoralidad sexual” ( Mateo 19: 3-9 ). La interpretación común hasta hace poco ha sido que Jesús permitió el divorcio solo por adulterio. Esto ha sido muy difícil de entender pastoralmente y parece absurdamente contradictorio con otros principios bíblicos, ya que parece tolerar el abuso y el abandono. Incluso ya en el año 200 DC, Orígenes, uno de los maestros de la Iglesia, estaba perplejo. Dijo que si una esposa intentaba envenenar a su esposo, o si ella deliberadamente mataba a su bebé, entonces para su esposo “soportar pecados de tal atrocidad que parecen ser peores que el adulterio o la fornicación, parecerá irracional”. Sin embargo, la enseñanza de Jesús parecía clara, por lo que la iglesia la siguió.

Este misterio ha sido resuelto recientemente por la investigación en documentos judíos antiguos donde encontramos que la frase “divorcio por cualquier causa” era un término legal equivalente al divorcio sin culpa moderno. Mediante una interpretación legalista de la frase “causa de inmoralidad” en Deuteronomio 24: 1 , algunos rabinos permitieron el divorcio tanto por “inmoralidad” como por “cualquier causa”. Cuando le preguntaron a Jesús qué pensaba, él confirmó que esta frase se refería simplemente al divorcio por adulterio (nada “excepto la inmoralidad sexual”). Rechazó totalmente el divorcio recién inventado por ‘cualquier causa’. El malentendido a través de los siglos ha sido la creencia de que Jesús se estaba refiriendo a todos los motivos para el divorcio en lugar del divorcio por ‘cualquier causa’ específicamente.

En realidad, Jesús no dijo nada sobre la ley del divorcio por negligencia y abuso en Éxodo 21 . Esto fue en parte porque no le preguntaron al respecto, y en parte porque no era un tema de debate como el texto en Deuteronomio 24 . Todos los rabinos todavía aceptaron estos motivos bíblicos de negligencia de la comida, la ropa y el amor, y en los antiguos contratos de matrimonio judío encontrados en cuevas cerca del Mar Muerto muestran que esos tres requisitos se incorporaron a los votos matrimoniales judíos. Cada pareja se prometería mutuamente proporcionar “comida, ropa y cama” (un eufemismo para las relaciones sexuales), tal como se dice en Éxodo 21 .

El silencio de Jesús sobre el tema no es inusual: hubo muchas otras cosas sobre las cuales no dijo nada. Jesús no especificó nada sobre la violación, incesto o sexo antes del matrimonio. Pero la razón por la que no habló sobre estos asuntos es porque estuvo de acuerdo con la clara enseñanza sobre ellos en el Antiguo Testamento, y dado que todos los judíos también las aceptaban, eso no fue un problema.

Jesús ciertamente no guardó silencio cuando no estuvo de acuerdo en algo. Por ejemplo, cuando se le preguntó sobre el divorcio, aprovechó la oportunidad para señalar otras áreas donde se oponía a la enseñanza actual sobre el matrimonio. No estaba de acuerdo con los fariseos que pensaban que el divorcio se “ordenó” después del adulterio ( Mateo 19: 7-8 ); rechazó la poligamia, que todavía estaba permitida por la mayoría de los judíos palestinos (Mateo 19: 5); y negó que el matrimonio fuera obligatorio, como lo enseñaba la mayoría de los judíos ( Mateo 19:12).

Ninguno de estos temas era sobre los que le habían preguntado a Jesús; deliberadamente los mencionó él mismo porque quería decirles a los judíos todo lo que estaban haciendo mal en el área de la ley del matrimonio y divorcio. Al igual que con las otras áreas éticas sobre las que no dijo nada, Jesús no dijo nada sobre los casos de negligencia o abuso, porque no era necesario. La ley del Antiguo Testamento fue totalmente aceptada por todos y, por lo tanto, no había razón para afirmarla específicamente: solo habría necesitado hablar sobre ella si no estaba de acuerdo con ella.

Los argumentos basados en el silencio no siempre son muy seguros y tenemos la suerte de que Pablo diera una afirmación muy positiva de esta enseñanza. Pablo, a diferencia de Jesús, tuvo que hablar sobre las tres obligaciones matrimoniales en Éxodo 21:11 porque sus conversos gentiles necesitaban aprender los principios bíblicos que los judíos conocían bien. En 1 Corintios 7 señaló que las obligaciones matrimoniales de un esposo y una esposa incluían el “amor” el uno por el otro, no privarse el uno al otro y proporcionarse mutuamente “cosas mundanas” , es decir, comida y ropa (vv. 3-5 , 33-34). Estas tres obligaciones también aparecen en Efesios, donde la iglesia es retratada como una novia de Cristo que “la ama … la nutre y la aprecia” o, más literalmente,”Ama … alimenta y la mantiene cálida” ( Efesios 5:29 ).

Pablo estaba respondiendo a los miembros de la iglesia de Corinto que querían dejar a sus esposos/as no cristianos. Una mujer ya se había separado de su marido, lo que en derecho romano significaba que ya se había divorciado de él. La ley romana no requería papeleo ni comparecencia ante el tribunal; tan pronto como se separaba con la intención de divorciarse, su matrimonio había terminado legalmente y estaban disponibles para volverse a casar. Pablo dijo que los matrimonios no cristianos eran válidos a los ojos de Dios (1 Corintios 7: 12-14) y que no podía permitir el divorcio cuando no había motivos válidos. Esta mujer no debería haber dejado a su esposo, así que Pablo le recomendó que intentara la reconciliación y que no se casara, porque un nuevo matrimonio haría que la reconciliación fuera mucho más difícil. ( 1 Corintios 7: 10-11 )

Como creyente, esta mujer presumiblemente obedeció a Pablo y el matrimonio se restableció. Pero, ¿qué pasa con la situación opuesta, cuando un no creyente se divorció de un creyente? Pablo trata con esto en el versículo 15, diciendo que tales creyentes “ya no están atados” o, literalmente, “ya no están esclavizados” . Esto no significa que Pablo considerara el matrimonio como esclavitud… el concepto proviene de la redacción de los certificados de divorcio judíos que dicen: “Ahora eres libre de casarte con quien quieras”(como señalaron los abogados judíos, quienes usaban la redacción exacta que se encuentra en los certificados de libertad de la esclavitud). Pablo no estaba comentando aquí si podían divorciarse, porque eso ya había sucedido, como hemos dicho, en la ley romana el matrimonio ya había terminado, pero les estaba diciendo que, después de haberse divorciado, eran libres de volverse a casar. Esto encaja con la ley de negligencia del Antiguo Testamento, porque alguien divorciado en contra de su voluntad, en efecto, ha sido abandonado, y por lo tanto su divorcio se basa en fundamentos bíblicos.

El principio seguido por Pablo y por la ley del Antiguo Testamento es que solamente la pareja perjudicada tiene derecho a iniciar el divorcio. En la ley de Moisés, la persona que fue descuidada podría exigir la libertad del matrimonio. Pero, ¿qué pasa si la otra persona inicia el divorcio? A la mujer corintia que se divorció de su esposo sin ningún motivo adecuado se le dijo que volviera y pidiera reconciliación, porque no tenía derecho a terminar el matrimonio. Esto significaba que ahora la elección recaía en el marido que había abandonado para aceptarla o aceptar el divorcio. Cualquier hombre o mujer que se divorció en contra de su voluntad sin fundamentos bíblicos, tenía el derecho de terminar el matrimonio porque eran la pareja perjudicada y “ya no estaban atados” ( 1 Corintios 7:15 ).

En todos estos detalles, Pablo estuvo de acuerdo con Jesús en que los divorcios sin culpa, o por cualquier causa, eran incorrectos. Jesús rechazó los divorcios por ‘cualquier causa’ de la sociedad judía y Pablo rechazó el divorcio por separación de la sociedad romana. Jesús exigió que debería haber motivos válidos para terminar el matrimonio, como el adulterio, y Pablo afirmó que estos motivos válidos incluían la negligencia y el abandono.

Mi amigo Nick se dio cuenta de que este redescubrimiento de la antigua terminología legal no era solo una oscura investigación académica: significaba que el Nuevo Testamento permitía el divorcio por abandono y abuso. Vio que la enseñanza de Jesús ahora “tenía sentido” nuevamente, y los creyentes fieles podían ser liberados de los matrimonios en los que están atrapados como víctimas de abuso o negligencia. Para él, difundir esta noticia es una misión para evitar que otros sufran como su amiga, quien fue asesinada. La iglesia tiene un papel vital en alentar y apoyar matrimonios saludables, pero también tenemos la clara responsabilidad de buscar remedios bíblicos para aquellos que sufren en matrimonios abusivos.

Conclusiones

Como ya comentamos, está claro que Dios odia el divorcio, como una consecuencia provocada por el pecado. En un mundo donde el amor prevaleciera, el divorcio en teoría no debería de existir, ya que los maridos tratarían a sus mujeres como Cristo trató a la iglesia (hasta morir por ella) y las mujeres amarían y respetarían a sus maridos y a la familia que formaron con ellos. Pero en un mundo caído, las cosas son diferentes.

No se niega que las consecuencias de un divorcio son desastrosas y que en particular, hieren y marcan de por vida a los hijos. Pero también son desastrosas las consecuencias de vivir en el abuso, la violencia, el maltrato y poner en peligro incluso a los hijos, para que sean víctimas o aprendan los mismos comportamientos y los repitan. El abuso va más allá de ser solo golpes o moretones: una ofensa, una crítica constante, una mirada de desagrado, un hombre que se la pasa mirando pornografía o a otras mujeres, o que abusa de su mujer económicamente tomando recursos que no le pertenecían y que él no proporcionó en su rol de proveedor… o mujeres que miran con lujuria a otros hombres, que engañan, que abortan a sus hijos, o que los maltratan…hay muchos más ejemplos de abuso y maltrato que solamente el abuso físico.

Seguramente seguiremos publicando artículos sobre este tema más adelante, pero de momento, queremos que te lleves esta frase clave:  En última instancia, los cristianos tienen que preocuparse más por salvar las almas de las personas, incluso más de lo que se preocupan por salvar sus matrimonios.

Te recomendamos mucho también los siguientes videos, los cuales hablan de un tema muy actual: el divorcio de una persona narcisista.

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7 comentarios

  • Muy buen articulo, tristemente actualmente tenemos muchas iglesias extremadamente liberales o legalistas que cierran los ojos al abuso.

  • Un artículo interesante para releer en varias ocasiones.
    A veces no sabes como interpretar las escrituras en la vida cotidiana, sobre todo el Antiguo Testamento.
    El tiempo en el que vivimos es muy diferente a la época de Jesucristo. Y es difícil aplicar sus enseñanzas en el mundo actual.
    Yo con el tiempo he aceptado mi divorcio y decidí no volver a tener relaciones. Pero es una decisión personal mía, no juzgo a quién desee volver a tener pareja.
    Gracias por el artículo

  • Gracias por esta información; estoy orando y haciendo lo posible por la restauración de mi matrimonio, y a veces me he sentido muy culpable de querer tirar la toalla pues ha habido abuso, violencia e infidelidad de parte de mi esposo y me decían tienes que perdonarlo las veces que sea, hoy al leer este artículo me da una alternativa clara de que sí no hay nada que cambie y ya agoté todos los recursos, no tendría porque quedarme y mucho menos sentirme culpable. El amor no tiene que doler y mucho menos si Dios que nos ama tanto nos da la oportunidad de salir de una relación que nos lastima profundamente y dónde no se cumple el pacto y las promesas ante Él.

    • Bendiciones hermana. Precisamente por casos como el tuyo decidimos escribir este artículo.
      Siempre nos hemos mantenido fieles a la encomienda de indagar a fondo en las Escrituras y no quedarnos atorados con lo que la mayoría dice. Esto nos ha llevado a encontrar interpretaciones sobre diversos temas como por ejemplo lo de Génesis 6, lo del final de los tiempos, y ahora lo de divorcio, y notar que muchas interpretaciones no han sido las más acertadas y se han propagado con el paso del tiempo.
      De cualquier manera, pon en oración tu situación, pídele a Dios que te muestre el camino, y confía en que él es justo y misericordioso. Cualquier decisión que tomes, que sea desde la oración. Oramos por ti para que el Señor te acompañe en aquello que sea lo mejor para ti y para tu familia, y que sea su voluntad.

  • Wow!! Muchas gracias por este inteligente artículo. Se sale de todo lo leido sobre el tema, bajo el paraguas religioso. , Me costaba entender el mantra de los pastores con los cuales traté en el pasado, en relación con “mantener el matrimonio” a toda costa, porque ese era el deseo de Dios, quien odia el divorcio. Siendo cristiana y comprometida al 100% con el Señor , intuía que era imposible que el deseo de Cristo fuera que pusiera en peligro mi salud física , mental ,y emocional, solo por que mantuviera a toda costa mi matrimonio.. De nuevo gracias, y sobre todo gracias al Padre por confirmarme lo que ya sentía que era la comprensión razonable sobre este tema. Saludos desde España!

    • Hermana Nieves.
      Estoy de acuerdo contigo. Dios no desea que seamos maltratados ni abusados.
      Para mi dejo de ser un matrimonio en el momento que la persona con la que estuvo conmigo rompió su voto: El de amar, respetar, cuidar. Esa es la base de un matrimonio, si eso falla y se convierte, en maltrato emocional y físico, ya deja de ser un auténtico matrimonio.
      Yo aguanté muchísimo, esperando un cambio que jamás sucedió. Perdoné demasiadas cosas hasta terminar enferma. La verdad es que es muy duro cuando descubres que por mucho que tu pongas de tu parte no puedes salvar tu relación y que la única solución es el divorcio.
      Creo que las relaciones matrimoniales en estos últimos tiempos están completamente parasitadas y corrompidas por los nuevos tiempos. Ahora solo importa el sexo y la pasión en la pareja. Tal vez debería centrarse en el amor, el respeto, el deseo de formar un proyecto de vida en común.
      Es curioso que el número de muertes y maltratos hayan aumentado en la sociedad actual. Comentándolo con una amiga me dijo que eso era porque ahora se denuncia más que en el pasado y ahora es más visible. La verdad yo no lo tengo tan claro.
      Bendiciones hermana.

  • Este artículo es de gran ayuda, hay muchos ministerios que aunque Bíblicos en muchas cosas en este tema aceptan el abuso psícológico, el maltrato verbal, etc como algo que aceptar como esposa o como mujer, como si fuera responsabilidad de la mujer quedarse a sufrir incluso si le hace daño a ella o a sus hijos porque depende de ella que el hombre se convierta, estos ministerios niegan el dolor y en muchos casos las mujeres que apoyan estas cosas han crecido en iglesias cristianas, han tenido esposos buenos o cuyas crisis matrimoniales nunca llegaron al abuso que está pasando la persona a quienes ellas aconsejan que soporte y se quede.
    Siento que muchas de estas doctrinas son por aceptación general o ideas de hombres más que por un estudio decente de las escrituras y de aquellos tiempos. Lo mismo con demonizar el amor, el romance o el deseo sexual en pos de la supuesta pureza llegando incluso a dificultar que personas de sexo opuesto interaccionen como amigos incluso. ¿Como esperan que un matrimonio tenga una buena base si les dificultan tanto pasar tiempo juntos a la pareja?

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