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Una perspectiva diferente del arrebatamiento

Una perspectiva diferente del arrebatamiento

En este artículo desarrollamos una nueva forma de entender lo indicado en Tesalonicenses donde se habla de un arrebatamiento y de un encuentro en el aire con el Señor.

Queremos pedirles que lean completo el artículo antes de sacar conclusiones. Este texto es parte de nuestros estudios, y como tal, no clamamos tener toda la verdad. Los invitamos a que ustedes por su parte realicen su propio análisis. Sabemos que no es la primera vez que hemos explicado muchos conceptos de manera diferente a lo que normalmente se oye en el cristianismo actual (como por ejemplo, lo de Apocalipsis, la gran tribulación, o lo de Génesis 6). Les pedimos la misma atención a este estudio en el caso que lo consideren de interés.

Comencemos analizando el pasaje en sí del cual queremos hablar:

1 Tesalonicenses 4:13-18

     13 Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza. 14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con El a los que durmieron en Jesús. 15 Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. 17 Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. 18 Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras.

Primer concepto a analizar:

El pasaje comienza hablando de los que “duermen”. Este es un término utilizado para describir la muerte. En Juan 11:11-14 Jesús compara la muerte con un sueño: “Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto.” La Biblia compara la muerte con un sueño más de 50 veces.

Se nos dice en Primera de Tesalonicenses que aquellos que duermen en Jesús resucitarán en su segunda venida:

Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero.

En relación a las creencias judías sobre la muerte, la doctrina que se enseñaba en el Antiguo Testamento consistía en que aquellas personas que morían, sus almas se iban a un lugar denominado “Seol” el cual era la “tierra de los muertos”. En tal lugar, las almas que habían obtenido gracia estaban de un lado, y las almas condenadas en otro. Se ha descrito a Seol como un lugar donde las almas iban antes de la venida de Cristo.

A menos que alguien hubiera sido un profeta muy importante, todas las demás almas iban al Seol. Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, todos fueron reunidos con sus antepasados en el Seol.  Al venir Cristo a este mundo (su primera venida) el objetivo era completar la redención de las almas a través de su sacrificio en la cruz. En su segunda venida, descrita en 1 Tesalonicenses 4:13-18 se inició la resurrección, con lo cual las almas que estaban en el Seol serían reclamadas para Cristo o para condenación final. Aquellos que ya habían muerto resucitaron a vida eterna con Cristo, y aquellos que morirían después de la segunda venida, resucitarían ya sea a gloria eterna con Cristo o a condenación eterna.  En adelante, Seol ya no existiría. Esto podemos comprobarlo con lo que dice Pablo en 2 Corintios 5:8 : “pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.”  Al morir, el creyente es reclamado (tomado, raptado) para el Señor.

Leamos atentamente este fragmento en base a lo que acabamos de explicar:

Por lo cual os decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.  Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero.

La resurrección de los que “durmieron” antes de la segunda venida de Cristo no fue a través de la apertura de tumbas donde salieron los cuerpos caminando. Fue a través del levantamiento, del reclamo (arrebato) que sucedió con el descenso del Señor, quien viene del cielo para tomar esas almas para sí, puesto que ya pagó el precio por ellas.

¿Arrebatados en las nubes y en el aire?

Vamos ahora a analizar la parte más compleja de este pasaje Bíblico, y la cual ha generado una gran cantidad de teorías, doctrinas y hasta películas taquilleras en donde las personas derrepente desaparecen del planeta. Trataremos de usar el contexto Bíblico, así como algo de historia e investigación sobre nombres y denominaciones en Griego, para tratar de escudriñar lo que este fragmento nos dice.

Leamos la parte específica que vamos a estudiar:

17 Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. 18 Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras.

Analicemos primero la parte que dice que nuestro encuentro con el Señor será en el aire.

En el idioma Griego, Aether era el nombre de una deidad relacionada con el aire. De acuerdo con la ciencia de la antigüedad y de tiempos medievales, el éter o aether/ether también llamado quintesencia, es la materia que llena la región del universo que se encuentra arriba de la esfera terrestre.

ἀέρα (aera)

De acuerdo a Strong’s Greek 109: Aire, el aire inferior (más cercano al planeta) que respiramos.

Einstein observó en sus investigaciones que el éter ocupaba el espacio entre todos los objetos. Muchos han considerado que el éter es un puente entre el cuerpo y la tierra con el espíritu y el cielo.

El aire, como es descrito en la Biblia, puede referirse al reino invisible que rodea la tierra. En este espacio se encuentra al atmósfera, o “aire”. Aunque aire y atmósfera forman un binomio inseparable, hay que percatarse de sus diferentes orígenes etimológicos: aire procede del griego, mientras que atmósfera es una palabra neolatina construida a partir de dos vocablos griegos.

La palabra Griega ἀέρος también se usa para referirse al aire de la atmósfera que respiramos, a diferencia de la capa de aire superior más cercana al espacio, descrita como ὁ αἰθήρ, como se encuentra en la Iliada, escrita por Homero. En este caso, el “aire” sugiere la existencia de un reino que se encuentra en los “reinos o regiones celestiales”, es decir que está arriba de la tierra, no es material, no es físicamente tangible o visible, pero es una sección inferior de la atmósfera.

Volveremos a este fragmento del versículo, pero antes, consideramos importante dar un espacio para hablar precisamente de los espíritus del “aire”, sabiendo que la Biblia describe a Satanás como el príncipe de la potestad del aire.

Los espíritus caídos del aire

Efesios 2:2-3 nos describe el estado caído del humano cuando sigue la influencia del príncipe de la potestad del aire:

Salvos por gracia

2  Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

De acuerdo al análisis Strongs, ὁ ἄρχων τῆς ἐξουσίας τοῦ ἀέρος es el texto en Efesios que describe al príncipe o regidor de los poderes (espíritus “ξουσία” ) en el aire. Es decir, Satanás, quien es el príncipe de los demonios que de acuerdo con la tradición Judía habitan en el reino del aire, o el éter.

Que estos espíritus operen en ese reino es algo que conocemos bien por nuestra experiencia como exnuevaeristas. Cualquier persona que vivió la nueva era, paganismo, ocultismo, brujería y misticismo sabe bien que una experiencia etérica (proveniende del éter, o sea del aire) se refiere a una experiencia fuera del cuerpo humano, fuera del reino material. Sabemos que la mayoría de las experiencias que se viven con meditaciones, hipnosis, ayahuasca o en sueños son de tipo etérico, donde uno parece viajar y poder ver “otras dimensiones”. En realidad lo que estábamos viendo era el reino etérico, del aire, en el cual los demonios habitan.

Sabemos que los “maestros ascendidos” dicen tener ciudades etéricas, lo cual cuadra totalmente con el reino controlado por el príncipe de la potestad del aire:

Importante es recalcar que nuestro Creador NO habita en el aire, en el reino etérico. El está por encima de ese reino.  

Otras definiciones que encontramos en diccionarios indican que lo etérico se relaciona a lo astral, a las regiones superiores del espacio.

No es extraño encontrar grupos de rock ocultistas que hacen referencia a tal reino, como lo vemos con el grupo “Aether realm” (reino del éter) y que en las imágenes siguientes nos quedará muy claro a quién tienen su lealtad jurada:

Más claro, ni el agua.

En Efésios 6:12 Pablo escribe lo siguiente:

12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

Ya mencionamos que el uso de la palabra Griega ἀέρος sugiere la existencia de un reino que se encuentra en los “reinos o regiones celestiales”, es decir que está arriba de la tierra, no es material, no es físicamente tangible o visible, pero es una sección inferior de la atmósfera. Y es en esa región que Pablo ubica la presencia de las huestes espirituales de maldad: en las regiones etéricas, las cuales pueden ser contactadas cuando el estado de conciencia de una persona es alterado o modificado ya sea por meditación, hipnosis, consumo de halucinógenos, activación de kundalini… en resumen, cualquier cosa que pueda desencadenar una experiencia mística.

El fragmento que describe al príncipe de la potestad del aire en Efesios 2:2 es el siguiente:

τὸν ἄρχοντα τῆς ἐξουσίας τοῦ ἀέρος

Es interesante darnos cuenta que la palabra ἐξουσίας se traduce como “arconte” (ya que hay grupos de neo-gnósticos que dicen que el “Dios del Antiguo Testamento” es un arconte, palabra que significa un controlador maligno). El único arconte descrito con esa palabra griega exacta en la Biblia es Satanás, de acuerdo con el texto en griego, él es el príncipe o arconte de las autoridades (espíritus) del aire. ¿Cómo les quedará el ojo a los neo-gnósticos?

Si nos ponemos a revisar las creencias promovidas por la nueva era, la brujería, el paganismo y la teosofía, en ellas se afirma que existen seres conocidos como “devas” que viven en las atmósferas de los planetas. Los teosofistas dicen que los espíritus de la naturaleza, los elementales pueden ser vistos cuando el tercer ojo ha sido activado. Quienes vivimos la apertura del tercer ojo podemos confirmar que esto es cierto… la cuestión es que esos espíritus NO son lo que aparentan ser, sino que son las potestades del aire, espíritus engañadores caídos con quien es muy peligroso interactuar.

De acuerdo con los teosofistas, estos seres poseen cuerpos etéricos y no físicos, que están compuesto de materia etérica, que es más fina y más pura, y cuyas partículas son menores que las del plano físico ordinario. Sabemos que los espíritus tienen un cuerpo mucho más sutil que el físico, y que no se adhiere a las leyes que rigen el plano material. Pero de nuevo, si tomamos en cuenta quienes son los habitantes de ese plano, no querríamos ponernos en contacto con ellos por ningún motivo. Sin embargo, era interesante ver cómo lo que enseña la brujería, nueva era y teosofía no contradice, sino que confirma lo que la Biblia ya había explicado hacer muchísimo tiempo, al alertarnos de la presencia de seres espirituales y etéricos, que en realidad, son malignos.

¿Qué es el espíritu y porqué el espíritu se relaciona con el aire?

Otra parte importante a analizar en este estudio es la correlación del aire con el espíritu. Vayamos al primer pasaje relacionado con el aire y la creación del humano.

En Génesis 2:7 podemos leer lo siguiente:

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

Dios le dio vida al humano a través del aire, al exhalar en él aliento de vida, que es lo que anima a su creación.  La palabra “espíritu” muchas veces fue intercambiada por “aliento”, como podemos ver en Juan 20:22 cuando Cristo impartió al Espíritu Santo en sus apóstoles:  Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.

Por tanto sabemos que el aire está relacionado con el espíritu, y que el aliento de la vida es el espíritu.

El espíritu es el principio vital o fuerza animadora de todos los seres vivos. Ya en 1628 y 1633 respectivamente, tanto William Harvey como René Descartes especularon que en algún lugar dentro del cuerpo, en una localidad especial, había un ‘espíritu vital’ o ‘fuerza vital’, que animaba todo el marco corporal, como el motor de fábrica mueve la maquinaria.

El espíritu se ha utilizado para referirse a una sustancia material “sutil” en oposición a una sustancia material “burda”, como se expone en el notable último párrafo de “Principia Mathematica” de Sir Isaac Newton.

Se distingue del latín anima, “alma” (que sin embargo también deriva de una raíz indoeuropea que significa “respirar”). En griego, esta distinción existe entre pneuma (πνεῦμα), “aliento, aire móvil, espíritu” y psykhē (ψυχή) “alma” (aunque el último término, ψῡχή = psykhē / psūkhē, también proviene de una raíz indoeuropea que significa “respirar”).

En el hebreo la palabra Neshama (נְשָׁמָה nəšâmâh) proviene de la raíz NŠM o “aliento”  y significa alma o espíritu.

Pneuma (πνεῦμα) es una palabra griega antigua para “aliento”, y en un contexto religioso para “espíritu” o “alma”.

Por tanto, creemos que queda confirmada la correlación entre espíritu – aire y el hecho de que tanto los espíritus leales como los caídos comparten un cuerpo sutil y un reino diferente al material, así como nuestras almas al momento de dejar el cuerpo, cambian su ubicación del reino material al espiritual.  Esto también podría explicar la existencia de experiencias espirituales cuando una persona sueña, duerme o desconecta la mente consciente, sin embargo, lo que siempre hemos peleado en este blog es que una experiencia espiritual no tiene que ser necesariamente positiva, ya que precisamente en ese reino habitan también los espíritus caídos.

Volvamos al fragmento: Arrebatados en las nubes y en el aire

17 Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. 18 Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras.

La palabra “arrebatados” fue traducida de la palabra harpazō, la cual tiene el siguiente significado:

1) agarrar, sacar por la fuerza

2) reclamar para uno mismo con entusiasmo

3) arrebatar o quitar

Podríamos usarlo con una frase cotidiana para entender mejor el contexto:  el niño arrebató el juguete a su hermanito para poder jugar con él.  El contexto es quitar de la posesión de alguien más a la fuerza, para que pase a ser propio. Bajo ese contexto, sabemos que Jesús habló de la necesidad de “atar al hombre fuerte” para poder saquear su casa, con lo cual podemos entender que lo que Cristo está reclamando, arrebatando de la propiedad del príncipe de la potestad del aire son las almas de los fieles a Cristo.

Es importante notar que este mismo término (arrebatamiento, harpazo) fue usado en todos los siguientes pasajes, con diferentes significados:

Mateo 11:12 Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.

Mateo 13:19 Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.

Juan 6:15  Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.

Juan 10:12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.

Juan 10:28-29 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Hechos 8:39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.

Hechos 23:10 Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a la fortaleza.

Segunda de Corintios 12:2 Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.

Judas 1:23 A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.

Apocalipsis 12:5: Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.

Con estos pasajes queremos hacer notar que la palabra harpazo o arrebatamiento no siempre implica que alguien sea tomado antes de morir físicamente y sea llevado al Cielo. Mientras que sí hubo algunos contados casos, esto no fue la norma general… así mismo, muchos otros pasajes de la Biblia usan la palabra harpazo o arrebatamiento de una forma diferente.

Por ejemplo, en Segunda de Corintios 12: 2-4, el Apóstol Pablo, hablando de él mismo, dice haber sido arrebatado al tercer  cielo,  dice  haber  oído  palabras  inefables  que  no  le  es  permitido al hombre expresar. Una  vez  mas  en  este  pasaje  se  emplea  el  verbo  griego  harpazo  para arrebatar,  y  referirse  al  acontecimiento  del  que  fue  objeto  el  Apóstol Pablo.  El Apóstol asegura haber sido llevado al tercer cielo a través de un arrebatamiento, sin embargo dice que no supo si fue solo en espíritu, o si fue con todo y su cuerpo. Y tampoco se quedó allá después de esa experiencia.

En Apocalipsis 1:10 Juan nos narra lo siguiente:  Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta.

La palabra que se tradujo como “Espíritu” viene del griego πνεῦμα o pneuma, cuyo significado es “espíritu, lo que anima al cuerpo, el alma”.  Juan no estaba muerto, sin embargo, estaba en el espíritu y le dijeron “sube aquí”.  Inmediatamente Juan estaba en el espíritu y vió en el cielo un trono .

Esto no tiene nada que ver con un rapto corporal de Juan de Patmos al cielo. Se trata de una experiencia espiritual. Él ve el cielo cuando se vuelve en espíritu y está inspirado para tener una visión en el cielo, estando todavía firmemente plantado en Patmos. Podemos ver un paralelo a eso en Apocalipsis 17:3, donde Juan dice: ” Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos.”

Revisemos de nuevo las tres palabras griegas importantes en 1 Tesalonicenses 4: 13-18: Harpazo, aer (“aire”) y apantesis (“reunirse”). La palabra harpazo, como ya vimos, no significa necesariamente una remoción física. Puede significar “aprovechar, reclamar por uno mismo”. Un ejemplo interesante de otro uso de harpazo en el Nuevo Testamento es 2 Corintios 12: 2-6. Pablo cuenta cómo fue “arrebatado [harpazo] al tercer cielo”. No sabemos exactamente qué sucedió en esta experiencia; quizás Pablo estaba en trance (Hechos 10: 9; 22:17). Pero sabemos que Pablo permaneció en la tierra para contar la historia.

Curiosamente, hay dos palabras para “aire” en griego: aer y ouranos. Ouranos significa la atmósfera superior, mientras que aer significa la atmósfera inferior, es decir, el aire que respiramos. Pablo usó específicamente aer en este pasaje. Aer, como ya lo explicamos, puede tener una connotación espiritual (ver Efesios 2: 2). Los pies no tienen que dejar el suelo para estar en el aer, y esto como exnuevaeristas lo sabemos bien, porque una experiencia espiritual no implica que nuestros cuerpos hayan salido volando fuera del planeta.

Uno no puede leer 1 Tesalonicenses 4 y pasar por alto el hecho de que Pablo estaba enseñando que los eventos que estaba describiendo le pasarán a sus contemporáneos. No tendría sentido para los tesalonicenses que Pablo estuviera describiendo eventos que sucederían miles de años después.

¿Jesús dijo alguna vez algo sobre un rapto? En realidad, Jesús oró contra cualquier rapto en el sentido de remoción física. En Juan 17:15 vemos su oración al Padre: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del maligno”. Si Jesús lo pidió, ¿el Padre negaría su pedido?

La Biblia enseña que Jesús volvería en algún sentido para reclamar la victoria (Romanos 16:20; Apocalipsis 12: 7-12; 20:10), para redimir a su pueblo (Lucas 21:28; Romanos 8: 18-23; 13: 11-12; Efesios 1: 13-14; 4:30; Hebreos 1:14; 9: 26-28; 1 Pedro 1: 3-21; Apocalipsis 12:10), y para estar con nosotros para siempre (Apocalipsis 21: 3). Y sucedería mientras algunos de los discípulos del primer siglo todavía están vivos (Mateo 10:23; 16: 27-28; 26:64; Lucas 21:22, 27, 28, 32, 36; etc.). De hecho, hay más de 100 pasajes en el Nuevo Testamento que establecen la línea de tiempo para el cumplimiento de los eventos escatológicos como el primer siglo.

¿A qué queremos llegar con esto?

Una de las preguntas que nos han surgido tras toda la investigación que ya les hemos compartido en los párrafos anteriores es si acaso se está mal entendiendo el hecho de ser arrebatados en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estar con el Señor siempre.

¿No pudiera acaso referirse al encuentro que tendremos al morir, al “estar en el espíritu” y no al hecho de irnos volando con todo y cuerpo en los aires, desapareciendo derrepente como lo muestran películas como “Left Behind” donde la gente desaparece dejando atrás su ropa, cayéndose los aviones porque los pilotos eran Cristianos, etc?

Al morir, nuestro espíritu abandona el cuerpo y pasa al reino del espíritu, al aire. ¿Sería descabellado pensar que lo que el Apóstol estaba narrando es que cuando muramos, en ese momento nuestro espíritu se encontrará en el aire con el Señor, siendo arrebatado por él?  ¿Y no podría referirse a que los que están vivos serían también reclamados para Cristo, aunque siguieran vivos en el planeta tierra?  ¿Acaso no es el recibir a Cristo en nuestras vidas una experiencia espiritual y no física?

Volvamos a leer el fragmento:

17 Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. 18 Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras.

Los que ya estaban muertos antes de la segunda venida, resucitan y salen del Seol al encuentro con el Señor en el aire (en espíritu). Los vivos son también “reclamados” por Cristo como parte de las almas que el Padre le encomendó, aunque sigan en la tierra, y cuando mueran, sus almas irán directo al encuentro con el Señor (en el aire, en espíritu, en el reino espiritual) y así estaremos con el Señor siempre.  Actualmente al morir ya no se va el alma del creyente al Seol, porque Cristo ya pagó por esas almas. Ya pueden entrar al cielo, sus vestiduras han sido blanqueadas y purificadas por la sangre del cordero. Y es que la Biblia es clara que ningún pecador entra al cielo, y que los “perros” se quedan fuera de la ciudad santa, la nueva Jerusalén. Aquellos que mueren sin Cristo, se quedan fuera del cielo, en condenación eterna.

Es importante notar que la palabra “aire” no significa “cielo”. Los espíritus y potestades caídas del aire NO están en el cielo, ¿correcto? No se trata de un rapto al cielo. Se trata de subir a encontrarlo en el aire, en esa región donde el espíritu se manifiesta, ese reino espiritual.

Cristo dijo en Juan 14:3:

Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

La palabra para tomar a sí mismo es παραληφθήσεται (paralambanó) en Griego tiene como definición “recibir de, tomar de, tomar consigo, reclamar para sí mismo”. Por tanto Jesús reclama las almas para sí de quienes fueron salvos por su fe en él, y se las lleva al lugar donde él está actualmente, a una nueva morada.

La simbología que Pablo describe en la venida de Cristo es similar a la forma como en esos tiempos se recibía a los reyes cuando regresaban a sus ciudades. Vamos a analizar ese fragmento:

16 Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios.

En la antigüedad, el proceso para recibir a un rey de regreso a su ciudad era el siguiente:

Antes que llegue el rey, viene el heraldo, que tiene una trompeta, y el heraldo dice: “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, para que entre el Rey grande y poderoso”.

El centinela de la ciudad dice: “¿Quién es el Rey de gloria? ¿Quién es el Rey de gloria?” para que se identifique y pueda abrir la puerta.

Cuando la identificación era clara y todos sabían quién era, las puertas de la ciudad amurallada se abrían y el comité de bienvenida salía al encuentro del rey en el camino hasta donde el rey se encontraba.  Esta era la forma en como se daba la bienvenida cuando un gobernante regresaba,  y era bien conocida en todo el antiguo Oriente. La analogía se menciona en el Salmo 24: cuando Jesús regrese del cielo, habrá un toque de trompeta y un grito de mando.

La descripción de Pablo de la reaparición de Jesús en 1 Tesalonicenses 4 es una versión colorida de lo que dice en otros dos pasajes, 1 Corintios 15: 51-54 y Filipenses 3: 20-21: En la “venida” o “aparición” de Jesús, los que todavía estén vivos serán “cambiados” o “transformados” para que sus cuerpos mortales se vuelvan incorruptibles, inmortales. Esto es todo lo que Pablo intenta decir en Tesalonicenses, pero aquí toma prestadas imágenes —de fuentes bíblicas y políticas— para realzar su mensaje. Poco sabía él cómo sus ricas metáforas serían malinterpretadas dos milenios después.

Primero, Pablo se hace eco de la historia de Moisés bajando de la montaña con la Torá. Suena la trompeta, se oye una voz fuerte y, después de una larga espera, Moisés viene a ver qué ha estado sucediendo en su ausencia.

En segundo lugar, se hace eco de Daniel 7, en el que “el pueblo de los santos del Altísimo” es vindicado sobre su enemigo pagano al ser levantado para sentarse con Dios en gloria. Esta metáfora, aplicada a Jesús en los Evangelios, ahora se aplica a los cristianos que sufren persecución.

En tercer lugar, Pablo evoca imágenes de un emperador visitando una colonia o provincia. Los ciudadanos salen a encontrarse con él en campo abierto y luego lo escoltan a la ciudad. La imagen de Pablo de la gente “encontrándose con el Señor en el aire” debe leerse asumiendo que la gente se dará la vuelta inmediatamente y conducirá al Señor de regreso al mundo recién rehecho.

Las metáforas mixtas de Pablo sobre el sonido de trompetas y el ser viviente arrebatado al cielo para encontrarse con el Señor no deben entenderse como una verdad literal, como sugiere la película Left Behind , sino como una descripción vívida y bíblicamente alusiva de la gran transformación del mundo actual.

Cuando Pablo dijo que los cristianos se “encontrarían” (apantesis) con el Señor en el aire, esto significa exactamente lo contrario de lo que piensan los “raptores” modernos. ¡El destino es la tierra! La palabra griega apantesis se encuentra sólo en otros dos lugares del Nuevo Testamento. En Hechos 28:15, los creyentes de Roma salieron a “encontrarse” con Pablo y escoltarlo de regreso a su ciudad. De manera similar, en Mateo 25: 1-10, las vírgenes salieron a “encontrarse” con el novio y escoltarlo de regreso al salón de bodas. Por lo tanto, la imagen evocada en 1 Tesalonicenses 4: 15-17 es la de los creyentes que son arrebatados espiritualmente para salir al encuentro y escoltar a Jesús de regreso a la tierra para comenzar su gobierno en la tierra. La idea de que los creyentes sean transportados físicamente al cielo en un rapto literal es ajena al texto.

Cuando un humano nace de nuevo en Cristo, sucede un proceso similar en lo espiritual. Su encuentro con el Señor es en espíritu (porque niguno de nosotros vimos a Cristo frente a nosotros para que naciéramos de nuevo… pese a que muchos “supuestos cristianos” dicen que la base de su conversión fue haber visto a Cristo frente a ellos de manera tridimensional… razón por la cual desconfiamos mucho de esos testimonios).  Nos encontramos con Cristo de manera espiritual, cuando por fin abrimos los ojos y lo reconocimos con el verdadero Creador y aparte, Redentor. Cuando eso pasó, no nos fuimos volando al cielo de manera física. De hecho, seguimos en la tierra, pero somos otros, fuimos transformados, cambiados en un momento, ya no somos quienes éramos antes, y ahora somos representantes de Cristo en la tierra hasta que nos reunamos con él al morir.

Después de todo, ¿quiénes fueron los primeros en ir al encuentro del Señor? Los que resucitaron de entre los muertos, los que estaban en el Seol. Ellos suben primero. Los vivos suben en segundo lugar, y todos los hijos de Dios reinan con Cristo sobre la tierra. No tiene nada que ver con un rapto físico antes de la tribulación.

No hay un solo padre de la iglesia en el segundo, tercero, cuarto, quinto o sexto siglo que pensara que habría un rapto físico. Y este es el problema: un texto sin contexto es solo un pretexto para sacar falsas doctrinas. La mayoría no conoce el contexto. No entienden la comparación al regreso de un rey, pero Pablo sí lo conocía y entendía.

El término parusía (griego: παρουσία, romanización: parousía) significa literalmente: «presencia, advenimiento, llegada».  El significado principal del sustantivo era «presencia» aunque en sentido figurado podía significar «venida» o «llegada»

Los tesalonicenses lo entendieron, puesto que vivían en una ciudad amurallada fundada por Alejandro Magno y que llevaba el nombre de su hermana: Tesalónica. Ellos sabían muy bien cómo dar la bienvenida a los reyes, y sabían perfectamente de qué estaba hablando Pablo: una bienvenida real para el Rey Jesús en su regreso a establecer su presencia en este mundo, la cual logró a través de su sacrificio en la cruz.

Los primeros Cristianos sabían que Pablo no estaba hablando de un rapto antes de la tribulación. Es interesante preguntarnos: ¿qué pasa cuando una persona pierde su cláusula de escape? ¿Qué le sucede a su teología si de repente se entera de que los cristianos de todas las épocas de la historia de la iglesia han tenido que sufrir y algunos han sido martirizados, y no estaban esperando salir volando?

¿Por qué deberíamos pensar que nuestra generación de cristianos debería estar exenta de sufrimiento? ¿Qué nos hace especiales? Nada, según la Biblia. Somos solo otra generación de cristianos. Una de las cosas para las cuales debemos orar con regularidad es: “Señor, si es mi momento de irme, déjame ser fiel hasta el último momento”.

Los creyentes ya están en unión con Cristo. Unidos a Él, hemos muerto, hemos resucitado y hemos ascendido en el Espíritu al cielo y estamos sentados con Él en Su gobierno (Efesios 2: 6).

La resurreción de los muertos de 1 Corintios 15

Vale la pena también estudiar con más detalle lo que Primera de Corintios 15 detalla sobre la resurrección y la transformación que se realiza en una persona que ha aceptado a Cristo como su redentor.

Analicemos primero éstos versículos:

Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.

Esto confirma que antes de que Cristo muriera y resucitara, los muertos no resucitaban, es decir, al morir “dormían” y sus almas iban al Seol.  La muerte entró a este mundo por Adán, pero ahora la resurrección entra por Cristo. Cristo fue el primero en resucitar, y luego los que son de Cristo, y desde ese momento en adelante, se aplica lo que Pablo indica como “ausentes del cuerpo, presentes con el Señor” cuando una persona creyente muere, y aquellos que siguen vivos, son transformados, y aunque siguen en este mundo caído, ya no son los mismos.

Veamos ahora estos versículos, también interesantes:

35 Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? 36 Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. 37 Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; 38 pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo.

“Hay que morir para vivir” está claramente explicado en ésta parte del texto. El grano de trigo muere al ser sembrado, pero de él nace algo totalmente diferente, una planta mucho más grande, mucho más compleja que el simple grano que fue sembrado. Pablo dice que no es el mismo cuerpo que murió lo que ha de salir, sino un cuerpo glorificado, diferente.

39 No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. 40 Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. 41 Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.

Vemos la clara distinción que el Apóstol hace entre los cuerpos terrenales y los cuerpos celestiales, entre el cuerpo de carne y el espíritu.

42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. 43 Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. 44 Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. 45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.

El apóstol hace una interesante distinción entre el primer hombre (Adán) que era alma viviente, y el segundo Adán, Cristo, que es espíritu vivificante. El primero es un ser viviente con alma, pero el segundo es un espíritu que otorga la vida eterna.

46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.47 El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.48 Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.

49 Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.50 Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

Esta es una hermosa forma de describir que el humano está llamado a ser más que un simple “animal”. Compartimos con los animales el cuerpo físico, el sistema hormonal, ciertos aspectos de la inteligencia, genética, etc. Pero lo que hace al hombre distinto es el potencial de trascender su aspecto material, terrenal o animal y buscar lo celestial. Cuando una persona solo busca satisfacerse a través del sexo, del poder, del dinero etc está actuando de manera terrenal, incluso animal, porque quiere satisfacer su instinto sexual, su necesidad de ejercer poder y dominio, incluso supuestamente preservar su estátus social y económico. Todo esto es solo una forma más sofisticada que por ejemplo el león que busca aparearse, busca su alimento y defiende su territorio de otros. Cuando una persona puede trascender lo meramente terrenal y da la preferencia a lo espiritual, pasa de bestia a hijo de Dios. Y vaya que lo que en este mundo hay son más bestias que hijos de Dios… y sabemos que la “bestia” en la Biblia es una figura de referencia para personas que son como animales, sin una pizca de trascender lo físico hacia lo espiritual.

Veamos ahora el texto que menciona la